Me encuentro con equipos que, con
frecuencia, expresan lo buenos que son haciendo lo que hacen y endilgando las
dificultades en la organización a las insuficiencias de los otros equipos de la
empresa.

Pero no se trata de que los otros equipos
no hagan su trabajo o lo hagan mal: es importante reflexionar qué es lo que
hemos hecho o dejado de hacer para ser más exitosos de lo que somos ahora.

El que un equipo sea más exitoso o no, no
depende del equipo mismo, ni de lo que sucede en su entorno.

Depende, más bien, de su capacidad para mirar
hacia adentro y de elevar sus propios potenciales internamente.

A continuación, algunas condiciones comunes
en equipos ganadores y exitosos:

1. 
La grandeza del equipo no está en las
capacidades individuales.

Está en la dinámica particular de interacción que los miembros del equipo
logran. El resultado de generar nuevos conocimientos a partir de conectar las
múltiples sabidurías individuales siempre será mas ganador y mas potente que la
experticia particular.

Los grandes equipos están dispuestos a retarse permanentemente y generan
dinámicas que estimulan y mantienen el disfrute de cada integrante del equipo
por actualizar y generar más y mejores aportes.

2. 
La habilidad para decirse abierta y francamente
los juicios críticos y apreciativos que resultan entre todos ellos.

Esta habilidad de generar espacios de sana confrontación siempre redunda
en la generación de vínculos fuertes y solidos que aseguran la confianza
suficiente y el respeto para entender que, por difícil que sea lo que un
compañero está expresando, es con la intención de edificarle. Esto, por
supuesto, redundará en la evolución del equipo.

Solo los grandes amigos y los que desean lo mejor para nosotros se
atreven a expresarnos lo que tenemos por mejorar. Si logramos escuchar con
humildad siempre tendremos oportunidades de mejorar y renovar aprendizajes.

3. 
El conocimiento de cada uno de sus miembros.

Conocer los límites y las posibilidades de los integrantes del equipo
genera fluidez y claridad respecto de lo que puedo esperar o no de cada
compañero en las diferentes situaciones que vive el equipo de trabajo. Además, en
los momentos críticos sabes con quien puedes contar y existe la confianza
suficiente para delegar con la claridad de lo que puedes esperar.

El conocimiento de los compañeros es clave para comprender los alcances
del rol y las habilidades que les permite rotar o complementar las actividades
del equipo.  

4. 
El disfrute de trabajar con el otro y de sentir
que el otro hace parte de mis éxitos. 

Es construir el sentimiento de unidad con
los compañeros de trabajo, lo que garantiza que tanto los aciertos como los
desaciertos se asuman conjuntamente, comprendiendo a su vez que las
responsabilidades e inquietudes particulares se pueden resolver con una buena
conversación al interior del equipo aprovechando la experticia de sus
compañeros.

5. 
Objetivos claros.

Tener claridad en la meta e interiorizarla de tal manera que todos puedan
entenderla en cualquier idioma, permite asegurar la comprensión desde cada rol
su impacto en la estrategia organizacional, asegura la confianza de los aportes
individuales y eleva la autoestima de cada participante en el equipo.

6. 
Un líder que articule, que genere confianza, que
viva el privilegio de facilitar el desarrollo del equipo más que protagonizar
con su autoridad.

En
otras palabras, un equipo exitoso cuenta con líderes capaces de inspirar el
líder que hay en los otros.