¡Felicitaciones, ya tienes el cargo que soñabas! Tu
desempeño y tus resultados visibles te han puesto allí, así como el deseo
intenso por marcar la diferencia en tu campo de acción.

Lo cierto es que no siempre al llegar a la cima
tenemos la claridad de lo que significa estar en ese lugar. 

No siempre tenemos
la consciencia de lo que implica ocupar un rol representativo en la
organización, o en la sociedad, o quizá en la familia.

Durante el recorrido por muchas de las empresas a
lo largo de Latinoamérica, he tenido la oportunidad de conversar en profundidad
con directivos de alto y mediano nivel en la organización.

Y, aunque cueste creerlo, una de sus situaciones más
comunes es que muchos han trabajado arduamente por llegar a la cima simplemente
porque se les convirtió en un hábito trabajar por estar allí. Pero, una vez
alcanzan su meta, no le encuentran sentido o les agota el hecho de tener que
mantenerse allí.

¿Es ese tu caso? Si es así, recuerda:

1. 
Pregúntate aquí y ahora: ¿Ocupar ese cargo
directivo tiene que ver con el cumplimiento de una misión significativa en tu
vida?

La razón de ser al llegar a la cima debe ir más allá del reconocimiento de
otras personas o los beneficios materiales que esto implique. Y es que, aunque
esto pueda ser estimulante, con el tiempo pierde su efecto y aparece la
sensación de no tener sentido y de estar sacrificando su vida por otros.

Cuando se está en la cima, lo verdaderamente importante es sentir que estas
allí por el placer de hacer lo que realmente te apasiona, lo que realmente te
impulsa en la vida y por lo mismo te hace feliz. El que otras personas te
reconozcan es solo la consecuencia natural de cumplir con una labor útil y
quizá de servicio para otros.

2. 
Sé humilde: Reconoce que continúas siendo un ser
humano en aprendizaje.

A pesar de la experiencia que tengas en aquello que te ha hecho grande, tu
verdadera grandeza está en la posibilidad de seguir descubriendo y
desarrollando tu don.

3. 
Activa la grandeza de tu equipo: La ascendencia que
logra tu equipo es el reflejo de tu capacidad de empoderarlos.

Cuando se está en la cima, es importante reconocer la participación de
las personas que han estado a tu alrededor. Cuantas más personas inspires y
logres potenciar en el camino de llegar a la cima, con seguridad tendrás mayor
respaldo para los momentos más exigentes.

4. 
Saca tiempo para ti.

Uno de los grandes puntos de inflexión o desgaste
cuando se está en la cima, es creer que para permanecer allí necesitas tener en
control la totalidad de las ocupaciones. La pausa es necesaria para mantener
alta tu energía y claridad en las tareas que realmente merecen tu atención.

5. 
Dedica tiempo a tu familia: No olvides equilibrar tu tiempo familiar. 

Cultiva y ama a tu red de apoyo. Son los que siempre te estarán acompañando. Siembra
allí semillas para ellos también liberen su grandeza.