La culpa aparece cuando sentimos haber actuado equivocadamente o injustamente ante una situación o ante otras
personas. Surge desde la creencia de haber traspasado los límites de nuestras
normas éticas, o quizá de las que nos ha dado la cultura, la familia o el ámbito
de acción en donde estamos operando.

La culpa surge como un primer
mecanismo de toma de consciencia sobre nuestro hacer y su efecto en el entorno, necesario para empezar a generar actos de reparación y de responsabilidad
por nuestra vida. Sin embargo,
este acto de consciencia puede venir acompañado de un sentimiento de vergüenza que puede
llevar a muchos a la necesidad de ocultar sus errores.

Entonces una vez reconocido ese sentimiento ¿cómo afrontarlo? 

Aquí te dejo dos elementos para afrontar la culpa: 

1. Consciencia.

El primer paso es tener la consciencia de que se ha hecho algo no
adecuado. Aunque en muchos casos eso «
no
adecuado» puede ser el asumir una responsabilidad que no te corresponde, el hacer
consciencia te permitirá generar nuevos afrontamientos.

2. Activar los actos de reparación. 

Esto tiene que ver con generar comportamientos que evidencien que estás siendo responsable y que has comprendido aquello sobre lo cual te equivocaste antes. Es
más efectivo ser responsable que ser culposo: en la responsabilidad asumes las
consecuencias de los actos y, por lo mismo, difícilmente repetirás los mismo
comportamientos que te conducían al error.

Ser consciente es
caminar la vida sin culpas y en disposición para aprender de cada experiencia.

Caminar sin culpas es tener la
libertad de elegir un camino ético y no caer en la trampa de que otros dicten o
califiquen mi hacer… una trampa en la que puedo terminar siendo manipulado por las
intenciones o necesidades del otro.

Una persona libre se mueve por la
vida sin culpas.

¡Activa tu potencial!