Lo primero que hay que entender es que la plenitud no llega por casualidad. Tiene que ver más con la forma consciente y la aceptación plena de vivir en el presente. 

Por eso la plenitud es un estado de presencia presente y, por lo tanto, no es posible sentirte en plenitud pensando en el futuro. El futuro solo te sirve para pensar en lo que necesitas para sentirte pleno y a veces pasa que, cuando lo alcanzas, no experimentas esa plenitud esperada.

Tampoco vivirás en plenitud pensando en el pasado, en una experiencia que quizá te proporcionó un estado muy cercano a la plenitud.

Entonces si vivir en plenitud solo es posible en este instante presente, ¿qué hacer para lograrlo?

1. Pregúntate si tienes algo pendiente con alguien. 

Una conversación por realizar o quizás unas disculpas que ofrecer. Cualquier cosa que te ate al pasado o a una tarea que has aplazado interfiere para entrar plenamente en el presente. Una forma de aliviar el peso de lo pendiente es definir en qué momento dejarlo hecho. Eso sí, exige que seas muy impecable y comprometido contigo mismo.

2. Realiza una pausa en el ritmo de tus actividades.

Practica pequeños momentos de atemporalidad que te permitan sentir el milagro de la vida sucediendo en este preciso instante. Estos minutos de atemporalidad, donde pierdes la noción del tiempo transcurrido, te recuperan de una energía tal que parece haber entrado en el espacio eterno.

Identifica elementos, actividades o situaciones que te ayudan a entrar en ese espacio atemporal y totalmente presente, como melodías, lecturas inspiradoras, algún tipo de meditación, ejercicio, conversaciones con un maestro. En fin, cada persona es importante que identifique aquellos elementos que le ayudan a conectar sus experiencias de plenitud.

3. Practica regularmente alguna actividad que te permita conectar con esos estados de plenitud. 

Estos estados son tan impactantes y placenteros, que en el momento de tener la experiencia piensas que difícilmente vas a perder la emoción. Sin embargo la mecánica de la mente es tal, que con el tiempo puede llegar a ser un recuerdo vago, y muchas veces no logras mantener la práctica para volver a evocar esos estados de plenitud. Te invito a que, por fuera de la mecánica mental, generes esa practica constante que te asegure una vida rica plena.

La plenitud no es asunto de suerte ni llega por casualidad. Es el producto de un trabajo continuo y el deseo constante de alcanzar la plenitud. En otras palabras, la plenitud en la vida se puede entrenar.