Todo llega... y todo pasa

Esta es una máxima usada por muchos maestros que lleva muy profundamente el mensaje de sabiduría que se oculta detrás de la paciencia.

En un mundo donde todo va a tanta velocidad, y donde pretendemos tener el control de todo, la ansiedad por hacer que las cosas sucedan y la falta de paciencia para contemplar los procesos orgánicos naturales, también nos puede llevar a cometer errores.

El don fundamental que hace verdaderos sabios, es la paciencia, y no entendida esta como la persona pausada que simplemente deja y espera que las cosas sucedan, o aquella que hace parálisis por reflexión.

Me refiero a la paciencia como ese don que va acompañado de un silencio mental y de la serenidad en el actuar, una combinación que facilita la claridad mental para permitir que las cosas sucedan cuando tienen que suceder, actuar en al momento que corresponde, con la certeza que los resultados se presentan en el momento adecuado.

La paciencia es una habilidad que se desarrolla y toma tiempo entrenarla.

Señales de haber desarrollado la paciencia:

  • Ante la turbulencia no hay reactividad, las personas saben aquietar la mente en la confianza de que por larga que sea la tormenta, en algún momento pasará.
  • Reconocen sus estados de ánimo y saben navegar con ellos, procesan sus emociones para no afectar a otros o no dejarse afectar en sus decisiones. Actúan desde la serenidad.
  • Son constantes en el avance hacia la meta, y pueden modificar los ritmos de acuerdo al camino, sin perder el norte y disfrutando el camino.
  • Hacen pausas periódicas en su vida para la reflexión, para revisar sus oportunidades de mejora y enfocar sus acciones cada vez más contundentes.

 


¿Cómo mantener vivo el amor?

Hemos hablado en anteriores publicaciones de que el amor es la fuerza sanadora más poderosa que existe en el Universo. Y, al parecer, esta es la que nos inspira a elegir pareja, a relacionarnos con nuestros amigos y a desarrollarnos en familia.

En fin, se habla mucho del amor como el concepto ideal y placentero de lo que se comparte en las relaciones. Sin embargo, es justo en las relaciones cuando aparecen los conceptos fijos, los compromisos como contrato y los acuerdos donde pretendemos atrapar el amor. Es como si pusiéramos el amor dentro de una jaula y puede ser las jaula más hermosa, pero cuando creemos que esa forma dada es el amor, se pierde la verdadera belleza de este.

Con esto no quiero decir que el matrimonio mata el amor, que los compromisos matan el amor. No, pero no podemos confundir el amor con estos.

En otras palabras, los acuerdos que establecemos con las personas que amamos, simplemente son la decisión que desde el amor yo puedo tomar para cuidar las formas en que interactuamos, pero jamás se podría confundir el amor con estos acuerdos. Así que en una relación de pareja, de amigos o familia, tu puedes estar cumpliendo con todo lo pactado en un compromiso, en tus votos matrimoniales o documentos nupciales, y esto no garantiza que el amor siga vivo.

Estas son algunas cualidades del amor necesarias para sobrevivir a las estructuras:

  • El amor no es rutinario: la capacidad de sorprender y dejarte sorprender es una cualidad que mantiene viva la experiencia del amor, la sorpresa nos deja fuera de lo esperado y despierta esa curiosidad por las nuevas manifestaciones del amor.
  • El amor no busca perfección, pero permanece atento para ver como puede ser mejor cada día y ayudar a ser mejor la vida de quienes nos rodean.
  • El amor respeta la diferencia y legitima otros puntos de vista, encontrando una forma divertida de incluirla en su vida y ampliar posibilidades, nos permite la aventura del aprendizaje constante.
  • El amor nos recuerda el camino para volver a ser niños y nos permite volver a gozar como si nunca nos hubieran herido, permite vivir la belleza del instante presente.
  • El amor nos permite sentirnos uno con la totalidad de la existencia, integrarnos a la vida y volver a nuestra condición humana agradecidos dispuestos para el aprendizaje o la experiencia que tengamos en frente.