Aprende a escuchar y enriquece tus conversaciones

¨Se lo he dicho más de mil veces y no pasa nada¨

¨No importa como se lo diga, siempre hará lo que le parece¨

“No sé en que idioma quieren que les hable”

Comentarios como estos son frecuentes en los líderes de hoy, así como entre padres de familia y sus hijos o entre parejas.

¿Cómo transformar esa conversación? ¿Cómo llegar de manera correcta, generando impactos positivos?

Antes de entrar en materia, quiero aclarar que ser influyente no tiene nada que ver con ser manipulador. Se refiere mucho más a la comunicación que se hace efectiva en la concreción de objetivos
conjuntos y, al mismo tiempo, consigue un impacto satisfactorio en todos los implicados.

En este post le comparto algunos consejos que han sido funcionales con líderes y directivos que trabajan de forma consciente en lograrlo:

1. Privilegia la escucha apreciativa:

Esto es escuchar profundamente y dejando de lado preconceptos a cerca de las intenciones de nuestro interlocutor. Esto es considerar sus interpretaciones antes que las nuestras.

2. Haz un feedback constructivo:

Valida tu interpretación sobre lo que tu interlocutor está planteando. Esto te ayuda a transmitirle que está siendo comprendido por ti, y desde allí, él se dispone a escuchar tu observador, así sea muy diferente.

3. Observa la comunicación no verbal:

Es importante observar la coherencia entre lo que dice tu interlocutor a través de sus palabras y lo que dice con su cuerpo. Si percibes una diferencia, puedes preguntarle en forma respetuosa. Esto te permite validar el nivel de consciencia o seguridad desde donde el otro te habla.

4.  Verifica el uso del lenguaje:

Una vez has escuchado, verificado la escucha y la lectura corporal, es muy importante que uses sus propias distinciones o tengas un lenguaje muy cercano a la persona o grupo de personas
a quien te diriges. Usar un lenguaje demasiado elevado, tiende a alejar a las personas de ti. En este lenguaje, ten en cuenta también tus expresiones corporales y emocionales, las cuales deben estar en sintonía con lo que dices verbalmente.

Los lideres de influencia tienen claro que la vida se mantiene en la medida en que mantienen vivas sus conversaciones.

Esto significa que las interpretaciones en la convivencia de los equipos se están renovando permanentemente y esto requiere que continuamente se verifiquen acuerdos y reflexiones al respecto. De esta manera, se garantizan el desarrollo del conocimiento y la ampliación de consciencia, evolucionando las perspectivas cada vez en formas más amplias y posibilitadoras.


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Trabajadores felices aumentan la rentabilidad de las empresas

Hoy en día los trabajadores valoran tanto un buen clima laboral como su salario. Gente feliz aumenta la rentabilidad en las empresas, evita la deserción laboral y crea compromisos profundos con los objetivos de la compañía. No en vano la felicidad se está constituyendo como una de las principales ventajas competitivas de las empresas y de la economía actual.

En este sentido, es necesario que las organizaciones sean conscientes que las personas felices, aquellas que han conectado sus propósitos personales con la pasión por su trabajo, presentan niveles de desempeño más altos que, con en el tiempo, impactan la rentabilidad de los negocios.

Esto lo vemos reflejado en muchas empresas que han centrado su foco gerencial en la felicidad de su talento humano y que hoy brillan por su estilo innovador y su rápido crecimiento en el mercado.

“Tener a personas felices trabajando en su empresa marca una diferencia que no solo se refleja en números, también se hace evidente en las encuestas de climas organizacionales y en el ambiente laboral en general.”

La búsqueda del mejor clima laboral debe ser una tarea permanente, mucho más ahora que nuevas generaciones, con un sistema de valoración y prioridades diferentes, se han incorporado al mundo laboral. Son profundos meditadores respecto al sentido de sus vidas y proyección a futuro; privilegian espacios laborales que les den libertad y felicidad; multiplicando así su efectividad, capacidad innovadora y resultados financieros.

Pensar en equipos de trabajo felices requiere trascender a una conciencia y acompañamiento donde se despierta la motivación intrínseca, se superen las normas o comportamientos relacionados con el bienestar y se transite en espacios laborales inspiradores y con tanto valor que lo natural sea el compromiso a dar lo mejor.

Maestros milenarios y modernos lo han dicho de forma frecuente: vinimos al mundo para aprender a ser felices.

Lo anterior, es vital alcanzarlo en nuestras empresas y buscar posicionarlas como las escuelas de felicidad, tomando en cuenta que los colombianos dedican, en promedio, 2.496 horas al año a su trabajo. Potenciar este espacio como un lugar de aprendizaje para la vida puede determinar el mayor aporte de responsabilidad social de nuestras compañías.

El maestro Martin Seligman nos habla de la felicidad en las organizaciones como el “bienestar subjetivo percibido” asociado a los niveles de satisfacción que tenemos en la vida. De allí, entonces, que las personas felices vivan 15% más, presenten 30% más salud física y psicológica –reduciendo los índices de ausentismo laboral por enfermedades-, y que tengan mejores relaciones, incluidos los vínculos establecidos en la empresa –ofreciendo mayor estabilidad emocional-.

Por otro lado, estudios realizados por Delivering Hapiness evidencian que las compañías que implementan una cultura de felicidad presentan un 44% más de retención de empleados, incrementan la innovación en 300%, aumentan las ventas en un 37% y la productividad se alza 31%, entre otros beneficios adicionales.


Alcanza la productividad con estos tres pasos

En tiempos donde la velocidad y la efectividad marcan la diferencia, surgen inquietudes frecuentes sobre cómo lograr ser más productivos. La misma presión y constante bombardeo de estímulos, puede llevar, contradictoriamente, a que se multiplique la procrastinación como mecanismo psicológico de defensa, afectando nuestra tranquilidad y, por consiguiente, nuestra productividad.

Por lo anterior, es fundamental que para comenzar a trabajar nuestra efectividad sepamos  comprender que ser productivo no significa hacer más cosas, se trata simplemente implica hacer las cosas correctas y administrar de forma eficiente la energía que aplicamos en cada una de ellas sin perder el control;  esto es importante, aportante y contundente con nuestro objetivo.

A continuación, revisaremos tres herramientas que pueden estimular una mayor productividad:

Organización:

Darle orden a tus actividades y pendientes es el comienzo para distribuir de forma más eficientes las energías aplicadas en tu vida y, con ello, las relaciones de compromiso que estableces. En este aspecto, Covey ha sido uno de los maestros que impactó con herramientas sencillas, poderosas y vigentes para las personas que eligen tomar la disciplina y ocuparse de ellos mismos.

o   Realiza una lista de actividades pendientes y actuales.

o   Prioriza basando tus objetivos estratégicos, antes de tus preferencias personales.

o   Evalúa cuántas de tus actividades podrían ser delegables, es decir, aquellas que te quitan tiempo y de las que otras personas podrían ocuparse.

o   Evalúa tu día, reconociendo en qué fuiste efectivo y en qué no. La posibilidad de mejora constante harán tus días cada vez más productivos.

Enfócate:

Una vez que logras organizar tu vida y tu día, el foco es fundamental para mantenerte en el orden que te has planteado.

Mantener el foco es la clave de los logros a largo plazo y ha sido el éxito de los grandes líderes de la humanidad.

Conoce algunos tips  para mantener el foco en los objetivos estratégicos:

o   Céntrate en actividades específicas. La multitarea tan valorada hoy en día no es garantía de efectividad para todas las actividades, especialmente cuando lo que se busca es mejorar tu productividad. Para ser productivo es mejor concentrarte en cada actividad hasta terminar completamente y luego iniciar con otra actividad. Asegúrate de no correr el riesgo de tener muchos procesos sin concluir y que a larga todos sean interrupción entre sí para lograr tus cierres.

o   Ordena tu sitio de trabajo y elimina distracciones como celular, chat, redes sociales y otras, especialmente cuando requieres concentrarte en el cierre de temas específicos.

o   Identifica los tiempos del día en que te logras concentrar más y programa tus actividades importantes o que exigen gran carga de energía para estos momentos de mayor concentración.

Autocuidado:

Finalmente, la mayor potencia de efectividad y productividad está dada por la calidad de nuestra energía, teniendo mucho que ver con el autocuidado. En este sentido, existen varios aspectos que muchas veces no relacionamos con nuestra capacidad productiva, pero no por desconocerlos dejan de afectarnos.

Repasemos algunos aspectos que debemos cuidar para fortalecer nuestra productividad:

o   Evalúa tu alimentación reconociendo el aporte energético de los alimentos y cuida los horarios y el tiempo que tomas para consumirlos. El cuerpo humano tiene memoria. Estos aspectos marcan la diferencia en la calidad de tu ánimo y potencia para desempeñar tus labores. Aquí es importante tener prácticas de autoobservación e informarte con un profesional de la salud sobre los mejores hábitos para tener una alimentación saludable.

o   Cuida tu ciclo de sueño. Tener un saludable ciclo de sueño es fundamental para que tu cuerpo obtenga la energía y lucidez suficiente para enfrentar cada día con la mayor efectividad e, incluso, con el mejor ánimo para realizar tus labores. En este aspecto también es importante que te observes e identifiques cual es el ciclo de sueño que mejor estado de vitalidad te proporciona y así programar tus mejores horarios.

o   Tómate un descanso. Los periodos de descanso durante el día también mejoran la concentración y la efectividad en tu actividad laboral y creativa. Identifica dentro de tu actividad cuando es el momento de hacer una pausa para elevar tu desempeño, en estas pausas puedes tomar un alimento, respirar conscientemente durante unos minutos, meditar, realizar una llamada que te relaje o te haga sonreír, en fin, son actividades que te dan descanso mental y potencian tu productividad.

Ahora, estás listo para incrementar tu productividad.

¿Cuál de estas actividades te hace falta implementar en tus prácticas?


Tres claves para reconciliarse con el pasado

La clave de la felicidad está en el presente y no en el pasado, aunque nuestra mente difícilmente logre estar en el ahora.

Mientras permanezcamos en la mente, hay ausencia de presente. Y la mente tiene dos opciones: irse al pasado o irse al futuro. Si va hacia el pasado, encuentra las experiencias agradables o desagradables a las que ya no se puede regresar porque no existen más. Sin embargo, la huella emocional que nos deja el pasado es la que muchas veces impide vivir el presente, pues este se aborda con el fin de evitar repetir una experiencia desagradable o procurando repetir una experiencia agradable.

De otro lado, cuando ponemos nuestra mente en el futuro, nos enfocamos en lo que podría ser, en cómo podrían mejorarse las cosas o en cómo queremos que sea nuestra realidad.

En cualquiera de los casos, esta mirada puede ser creativa y generadora de nuevas posibilidades; pero cuando se avanza descuidadamente y sin reconocer los recursos que nuestra historia nos ha entregado para avanzar, es probable que nos precipitemos hacia el futuro de manera ansiosa y corriendo el riesgo de vivir experiencias desafortunadas por falta de usar en consciencia el hilo conductor del para qué estamos en la vida.

Es más, podemos repetir a lo largo de la vida varias historias que creíamos del pasado, pues las hemos atravesado sin hacer el aprendizaje.

Hay una frase popular que dice que ¨quien no conoce su historia tiende a repetirla¨, y desde lo psicológico yo diría que lo mismo sucede en la vida personal. La vida es tan sabía que nos da más situaciones en las cuales hacer el aprendizaje si aún no hemos aprendido la lección. Por eso es importante sanar nuestro pasado.

Muchos dirán: "Pero si mi pasado fue doloroso, ¿para qué volver a él?". Justo para no tenerlo que repetir, por que mientras no estemos en reconciliación con nuestro pasado, difícilmente podremos ser feliz en el presente.

Entonces, ¿cómo sanar el pasado?

Te compartiré tres pasos que te permitirán reconciliarte con el pasado:

1.Aceptación

Tiene que ver con la comprensión de que ya el pasado sucedió, que ya no se puede cambiar y que de nada sirve dar vueltas imaginando cómo pudo haber sido.

La aceptación de que el pasado sucedió como algo necesario para nuestro aprendizaje es el primer paso para soltar el pasado.

2.Aprendizaje
El aprendizaje tiene que ver con la comprensión de lo sucedido y de como éste nos deja lecciones necesarias para modificar y resignificar el presente. Reconocer que en todo lo que vivimos hay una inagotable fuente de aprendizaje que cualifica nuestro camino de madurez es nuestra elección y una posibilidad de hacer nuestro presente mucho más gratificante.

3.Perdón
Significa que ya podemos mirar nuestros recuerdos con comprensión y amor. Quiere decir que nuestro pasado se ha integrado a nuestra vida y hemos dejado de ser víctimas y de culpar a otros; significa que nos hemos hecho responsables y hemos rescatado los aprendizajes que hoy nos permiten sentirnos más completos.


La felicidad no es una estación

En los últimos tiempos se ha escuchado hablar de la importancia de la felicidad en las empresas, en las redes y en los contextos generales como uno de los valores posmodernos más resaltado. Y, en una cultura donde se promueve la velocidad, la multitarea y la lucha por ser mejor, parece que si no damos muestra de vivir al máximo nuestras emociones y momentos felices, entonces estamos fuera del éxito.

Tomaré hoy la frase de Margaret Runbeck, "La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar, sino una manera de viajar".

Mucho se habla de darle importancia al proceso. Sin embargo, en el afán de demostrar que somos personas exitosas y de que tenemos la clave de la felicidad, es mucho lo que sacrificamos el hecho de adentrarnos en nuestros verdaderos procesos y poder vivir de una forma verdaderamente contemplativa y conscientemente, disfrutando nuestro recorrido o nuestra manera de viajar por la vida.

De acuerdo con lo que plantean nuestros maestros de la felicidad desde la Psicología, específicamente Martin Seligman, se encuentra el concepto de bienestar percibido, asociado a la generación de nuevos constructos en los que se integran tres aspectos fundamentales:

  • Experiencias placenteras.

Se trata de tomar la decisión de proporcionarnos actividades que producen alegría, darnos gusto y buscar el contacto con personas, estímulos o situaciones que generen goce y disfrute. Esto hace que nuestro sistema límbico produzca las endorfinas, también llamadas la hormona de la felicidad. En otras palabras, estas sensaciones placenteras dejan una huella en el cuerpo que asegura la comprensión y experiencia de bienestar.

  • Experiencias gratificantes.

Es bien conocido que el efecto placentero que producen los estímulos externos se vuelve pasajero con el tiempo. Aquí es importante un viaje más profundo hacia el reconocimiento de talentos naturales y habilidades o recursos personales para vivir las diferentes situaciones de la vida. Desarrollar coherencia vital, actuar y relacionarse con otras personas actualizando y expresando las fortalezas, las virtudes y las habilidades personales facilita estados de mayor placer que se experimentan como felicidad.

  • Experiencias significativas.

Esto tiene que ver con la capacidad de reflexionar sobre la existencia y qué tan satisfechos nos encontramos con ella. El ser humano ha necesitado sentirse partícipe de algo trascendente y superior que le da sentido a la vida y lo compromete con una misión. Un sentido que le da norte y la experiencia de felicidad como su máximo logro.

 

Es así como la felicidad se convierte en una construcción personal y social que se encuentra en permanente movimiento y resignificación. Es una construcción que no tiene punto final. Sin embargo, podemos usar la felicidad como el horizonte inspirador que nos impulsa a dar el siguiente paso cuando no la vemos como la «estación a la cual hay que llegar».