Son muchas las preguntas que nos hacemos cuando queremos construir una historia de pareja, y estoy segura de que todos deseamos que sea algo único, que nos aporte y nos haga felices.

Lo que sucede es que muchas veces se puede confundir la felicidad con el alivio momentáneo de alguna incomodidad. También se puede confundir la felicidad con aquella comodidad que puede llegar a ser inhibidora de nuestro desarrollo, y puede ser que al buscar el camino del amor en pareja se cometan muchos errores. Lo importante es entender que sin importar la edad, estar preparados para entrar en una relación de pareja es cuestión de madurez.

Hoy les quiero compartir algunas reflexiones que he tenido a lo largo de mi vida como terapeuta, como ser humano y, por supuesto, producto de mis propias experiencias de vida. Estas son reflexiones que ayudarán a verificar si te sientes preparado o preparada para una relación:

1.¿Te amas a ti mismo?

Cuando tu alegría no depende de otros, cuando sabes que tu bienestar depende solo de ti, cuando puedes estar en una relación sin culpar a otro de lo que te pasa, estás listo para hacerte responsable y construir con otra persona. La primera persona de la que necesitamos enamorarnos es de nosotros mismos. Esto no quiere decir que debemos ser arrogantes o sentirnos tan perfectos que no tenemos nada que mejorar: amor propio es saber que en nosotros está todo el potencial para ser la mejor versión de nosotros mismos y estar dispuestos todos los días a recorrer este hermoso camino de aprendizaje acompañado por otro ser humano que también está en su propia evolución.

2.¿Ya sabes lo que quieres y lo que no quieres en la vida?

En otras palabras, ¿has vivido lo suficiente para saber qué es lo que te gusta y hacia dónde has decidido conducir tu vida? Esto no implica saber con certeza para dónde vas, pero si haber construido unos principios sólidos que sabes que defenderías hasta con tu propia vida. Tener estas claridades te permite reconocer lo que es o no negociable en los acuerdos que se construirán en pareja, con la claridad de que caminar acompañados siempre implicará algunas renuncias de ambas partes, y de que si uno de los dos está más cómodo que el otro, tarde o temprano este desequilibrio genera fallos en la relación.

3.¿Hay algo de tu pasado que te atormenta?

Todos tenemos un pasado, pero si pretendemos iniciar una relación para escapar de un episodio doloroso, este puede alcanzarnos en cualquier momento. Es importante haber comprendido y superado las experiencias pasadas, recordar tu pasado y, si lo puedes recordar con gratitud por lo aprendido, puedes traerlo para reconocer cuánto nos ha fortalecido para estar en la nueva relación. De esta manera estás entonces preparado para iniciar este capítulo y asumir los nuevos aprendizajes que este traiga.

4.¿Eliges con independencia a tus amigos y el tiempo que le dedicas a tu familia y a tus seres queridos?

¿Sabes el valor de las relaciones que has construido, te vales por ti mismo para elegir tus pasatiempos, tus gustos, tus pasiones? Todo esto es parte de reconocer qué cosas son negociables o no en tu vida y lo que es fundamental para que la relación se alimente creativamente.

Ser una persona responsable de sus actos es aportar a la relación. Esto, a su vez, te permitirá sentir que eres importante en la relación que construyes. Si esto no sucede, con el tiempo se pierde la felicidad y el goce.

5.¿Piensas que con el tiempo puedes cambiar a la otra persona?

Si estás pensando de este modo, quizá deberías tomarte más tiempo para madurar y construir una relación de pareja. Lo primero allí es entender que nadie puede cambiar a otra persona, solo puede cambiar quien desea hacerlo y eso sucede también hacia nosotros mismos.

El amor consiste más en la aceptación del otro tal como es y en acompañarnos a dar lo mejor que tenemos.

6.¿Comprendes la relación como algo que te aporta y no como algo que te quita la libertad?

Una persona madura comprende la relación como un compromiso de construcción que se elige en libertad y, por lo tanto, no le asusta la idea de perderla, ya que esto no cabe en una relación de personas maduras y autónomas. Se puede comprender que hay renuncias, pero estas jamás quitarían libertad.

Quizá este hermoso texto de la madre Teresa de Calcuta ilustra cómo muchas parejas se eligen porque ya están listas para vivir una relación madura, así como hay algunos se eligen para aprender y madurar en ella. 

“Hay personas que tienen pareja, pero se sienten tan solas y vacías como si no la tuvieran.

Hay otras que por no esperar deciden caminar al lado de alguien equivocado y, en su egoísmo, no permiten que ese alguien se aleje aún sabiendo que no las hace felices.

Hay personas que sostienen matrimonios o noviazgos ya destruidos por el simple hecho de pensar que estar solos es difícil e inaceptable.

Hay personas que deciden ocupar un segundo lugar tratando de llegar al primero, pero ese viaje es duro, incómodo y nos llena de dolor y abandono.

Pero hay otras personas que están solas, viven y brillan y se entregan a la vida de la mejor manera. Personas que no se apagan; al contrario, cada día se encienden más y más. Personas que aprenden a disfrutar de la soledad porque las ayuda a acercarse a sí mismas, a crecer y a fortalecer su interior.

Esas personas son las que un día, sin saber el momento exacto ni el por qué, se encuentran al lado del que las ama con verdadero amor y se enamoran de una forma maravillosa.” 

Teresa de Calcuta

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