Si identificas la diferencia entre estos dos conceptos, podrás valorar de forma muy poderosa la manera en que estás asumiendo tus aprendizajes en los diferentes retos que enfrentas. Lo más importante en esta comprensión es determinar cuál es camino que te ofrecen la liberación de tu potencial y la experiencia de libertad para expresarte tal como eres.

Estas dos formas de asumir un reto pueden parecer similares, pero en realidad tienen diferencias abismales.

Veámoslas:

1.La aceptación te libera, la resignación te bloquea.

Cuando vives una situación retadora desde la resignación, te adaptas a la circunstancia y te encierras en la explicación de que has hecho todo lo posible por modificarla, pero definitivamente no pudiste hacer nada. La consecuencia de esto es una baja autoestima y la expresión de que esta es la vida que te tocó vivir.

En cambio, desde la aceptación, el reto es visto como una posibilidad de aprendizaje. Comprendes qué es lo que no está en tus manos cambiar como la oportunidad para ver lo que no verías fácilmente sin el reto que tienes en frente, incluso el reconocimiento de tus límites y capacidades. Desde la aceptación se logra ver aquello que sí está en tus manos modificar y la sensación de libertad es mayor pues tus capacidades pueden expresarse.

2. Desde la aceptación eres protagonista, en la resignación te conviertes en víctima.

Cuando te resignas ante la situación hay poca disposición a ver realmente la situación y la actitud es de ver como culpable de tu desgracia a los que te rodean o la situación misma, por supuesto cada vez hay mayor dificultad para actuar ente el reto.

En la aceptación miras las circunstancias o situaciones con el entusiasmo de ver lo que puedes cambiar para generar una realidad diferente, no hay temor para asumir los errores posibles y ver en ellos la posibilidad de continuar evolucionando.

3. En la resignación hay estancamiento, en la aceptación hay avance.

La resignación está acompañada, usualmente, de un estado de dolor y abatimiento donde la energía se enfoca en luchar internamente con el desagrado por la situación que vives. Hay poca acción en el entorno y el entusiasmo por vivir o avanzar se pierde, mientras que en la aceptación el comportamiento es mucho más proactivo: se ve en los retos la confianza de un nuevo avance y hay alegría por el crecimiento que se presiente a partir de una nueva experiencia.

4. Podemos diferenciar entre el dolor o la alegría de vivir.

Cuando nos resignamos, la vida se vive con dolor pues la negatividad aleja la alegría y deteriora las relaciones. Incluso podemos enfermarnos físicamente.

En la aceptación, uno de los principales síntomas es que a pesar de las circunstancias existe un halo de alegría y optimismo que genera en el entorno un espíritu contagiado de que sí se puede, de que podemos cambiar el mundo. Las personas en aceptación atraen fácilmente otras personas que no temen ver la realidad para transformarla y contagian para que otros también sean protagonistas del cambio.

En otras palabras, la aceptación marca la diferencia a la hora de generar entornos saludables y propicios para la evolución. Es el primer paso para ampliar consciencia y actuar con sensatez, foco y proactividad hacia la transformación de nuestra vida y del entorno.

Y, como siempre, esta es una decisión que solo puedes tomar tú. 

 

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