En muchas ocasiones pensamos que nuestra razón es la única y verdadera, y que los demás están
equivocados y que deberían pensar igual que nosotros. Sin embargo, no nos
damos cuenta de que esa posición, de que esa idea, es la más funesta que
podemos tener. 

Hoy les voy a contar una pequeña historia que ilustra muy bien lo que te quiero decir:

Un aprendiz, en sus últimos años de vida, se acercó a su maestro
con la intención de hacerle notar que un aprendiz recién llegado siempre estaba en desacuerdo con todo.

– Maestro, creo que usted debería reprender a ese
nuevo aprendiz.

– ¿Ah si? ¿Por qué crees eso?

– Porque usted nos enseña todo lo correcto, todos creemos lo
que dice y no veo lógico que nadie dude de su palabra.

– Querido aprendiz, estoy pensando que posiblemente
ese que tu acusas será el que me suceda cuando yo muera.

– ¡MAESTRO! No entiendo

– Querido aprendiz, ¿conoces el arco de medio punto? Todas sus piedras son iguales, salvo una.

– Así es, maestro. La piedra clave, la que esta justo en el
medio, es diferente.

– Y justamente, esa clave, la que es diferente, es la
que soporta todo. Si la quitas, el arco se desploma.

– No veo a dónde quiere llegar, maestro.

– Es simple. La diferencia es lo más importante de
todo, igual que la pieza diferente es la que soporta el arco. Cuando estamos
hablando con nuestros iguales, las diferencias son lo más importante. Si todos
los humanos pensaran igual, no tendrían sentido la enseñanza, ni la filosofía ni
los debates. Si todos pensamos igual, ¿de qué hablaremos? Las diferencias de
pensamiento son las que permiten el debate. Debatiendo podemos
darnos cuentas de si nuestras ideas son o no correctas. 

-Gracias maestro, ahora sí lo he entendido.

#ActivaTuPotencial

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