El hombre madura en el
momento que empieza a amar en vez de necesitar; empieza a desbordarse, a
compartir; empieza a dar. El énfasis es totalmente diferente. Con el amor, el
énfasis está en cómo dar, como dar más y cómo dar incondicionalmente.

Esto es crecimiento, la
madurez llegando a ti. ¿Cómo puede la necesidad ser amor?. 

El amor es un lujo.
Es abundancia. 
Es tener tanta vida que
no sabes qué hacer con ella, así que la compartes. 
Es tener tantas
canciones en tu corazón que tienes que cantarlas, las escuche alguien o no, no
es lo importante. Si nadie escucha,
también tendrás que cantarlas, tendrás que bailar tu danza.

El otro puede tenerlo,
el otro puede perdérselo, pero en lo que a ti te concierne, está fluyendo, está
desbordándose. 
Los ríos no fluyen para
ti; están fluyendo tanto si estás como si no.

Cuando no tienes amor,
le pides a otro que te lo dé; eres un mendigo. 
Ahora bien, dos mendigos
extendiendo sus manos uno al otro y ambos con la esperanza de que el otro lo
tenga…

Naturalmente ambos se
sienten derrotados y ambos se sienten engañados.

Ahora, esta es la
paradoja; aquellos que se enamoran no tienen ningún amor, por eso es que se
enamoran. 
Y porque no tienen
ningún amor, no pueden darlo. 
Y algo más: una persona
inmadura sólo se enamora de otra persona inmadura, porque sólo ellas pueden
comprender el lenguaje de la otra.

El problema básico del
amor es madurar primero, entonces encontrarás una pareja madura; entonces la
gente inmadura no te atraerá para nada. 
Es sencillamente así. Si
tienes venticinco años de edad no te enamorarás de un bebé de dos años, no
desciendes. 
En efecto, una persona
madura no cae en estado de enamoramiento, se eleva en el amor.

Sólo la gente inmadura
cae: tropiezan y “caen en enamoramiento”.

De algún modo se las
arreglan para estar de pié. Pero apenas encuentran a un hombre o a una mujer,
ya no se las arreglan tan bien, se pierden y se caen.

Estuvieron siempre a
punto de caerse al suelo y arrastrarse. No tienen espina dorsal; no tienen la
integridad necesaria para permanecer erguidos estando solos.. 
Y cuando una persona
madura dá amor, lo dá sin ataduras, simplemente dá. 
Se siente agradecida de
que tú hayas aceptado su amor, no viceversa. 
No espera que se lo
agradezcas; no, en absoluto, ni siquiera necesita de tus gracias.

Te da las gracias por
aceptar su amor.

Y cuando dos personas
maduras están enamoradas, ocurre una de las más grandes paradojas de la vida,
uno de los fenómenos más bellos; están juntos y sin embargo tremendamente
solos; están tan unidos que casi son uno.

Pero su unión no
destruye su individualidad, de hecho, la realza, se vuelven más individuos.

Dos personas maduras
enamoradas se ayudan mutuamente a ser más libres. 
No implica política, ni
diplomacia, ni esfuerzo alguno por dominar. ¿Cómo puedes dominar a la persona
que amas?. 
Cuando has llegado a
casa, cuando te has enterado de quien eres, el amor surge en tu ser. 
Entonces la fragancia
que desprendes se esparce y puedes dársela a otros.

¿Cómo puedes dar lo que
no tienes? ¿Cómo puedes dar regalos cuando no los tienes?. 
Esto lo oyes y lo
entiendes, pero el problema surge porque tu entendimiento es intelectual. 
Si ha penetrado en tu
ser, si has visto la realidad de ello, no surgirá ninguna pregunta. 

Entonces olvidarás todas
tus relaciones de dependencia y empezarás a trabajar en tu propio ser,
aclarando, limpiando, haciendo tu núcleo interior más alerta, consciente.
Y cuando empieces a
sentir que estás logrando una cierta totalidad, te darás más cuenta de que el
amor está creciendo de lado a lado, es un subproducto.

No necesita ser
reconocido, no necesita certificados, no necesita que nadie lo apruebe. 
El reconocimiento del
otro es accidental, no es esencial para amar; el amor seguirá fluyendo. 
Aunque nadie lo saboree,
nadie lo reconozca, nadie se sienta feliz, encantado por él, el amor seguirá
fluyendo, porque en su mismo fluir te sientes tremendamente alegre,
tremendamente feliz.

Y todo mi esfuerzo aquí
es conseguir que también tú seas independiente de mí . Estoy aquí para darte
libertad. No quiero, de ninguna forma invalidarte. 
Sólo quiero que seas tú
mismo. Y el día en que esto suceda, cuando seas independiente de mí, serás
capaz de amarme realmente, y no antes.

Yo te amo. No puedo
evitarlo. No es cuestión de que puedo amarte o no, simplemente te amo. 
Si no estuvieses aquí,
este auditorio estaría lleno de mi amor, no habría ninguna diferencia. 
Estos árboles todavía
recibirán mi amor, estos pájaros lo seguirán recibiendo. 
E incluso, si todos los
árboles y los pájaros desaparecieran, eso no haría ninguna diferencia: el amor
seguirá fluyendo. El amor es, así que fluye.

Autor: Osho. 

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